Un emprendedor de 61 años en San Ramón, Costa Rica, se reinventó vendiendo churros, algodones y manzanas escarchadas en un puesto a un costado de la iglesia católica. Su negocio se vio afectado por la pandemia, lo que llevó a vender su camión. Ahora, junto a sus hijas, prepara los productos en casa y los vende en el puesto.