Costa Rica acumula riqueza a un ritmo significativo, alcanzando $333.000 millones en 2025 y proyectándose a $457.000 millones en 2030. El patrimonio reales, especialmente los bienes inmuebles, son clave. La diversificación de activos, combinando reales con financieras, es crucial. La tecnología, especialmente la inteligencia artificial, acelerará la transformación del mercado financiero. La proyección es de una riqueza mejor preparada para el futuro, más resiliente y sostenible.