El autor critica la idea de Philippe Halsman de que al saltar no podemos controlar simultáneamente los músculos de la cara y las extremidades. Argumenta que la vida avanza a golpe de caídas, que las cosas caen por su propio peso y que las caídas son parte integral de la experiencia humana. La civilización tiende a valorar la altura y la gravedad, evitando caer en desgracia o en el olvido.